Pasajeros

Galería Serrahima, Barcelona. 2000

Trenes sin norte. Máquinas de cera.
Vagones que arden y atraviesan lanzados estaciones desiertas y relojes inmensos detenidos en el cruce sin barreras de este paso a nivel que es despojarse de años, a la velocidad del vértigo, sobre raíles de fuego.
Sólo queda el remedio de llamarle paisaje a lo vivido y fabricar con el azufre de las fotos antiguas la dalia mineral de la añoranza. Coleccionar los fósiles del aire que ayer respiramos, elevar álbumes con la frágil salud de los espejos, construir con una mano puesta en la memoria y otra en el despertador del día siguiente la peonza que baile de nuevo sin cesar, alocada y perpleja, asustada y consciente del plazo limitado que el propio giro entraña. La insoportable levedad de los horarios ganados para el pan, perdidos para siempre.
Sólo queda el ardid, la maniobra, la válvula incansable del corazón irguiéndose, la verde adolescencia de calzarse un alud y patinar sin freno.

Fernando Beltrán