Galería Alonso Vidal, Barcelona. 2007
Cajas repletas de viejas fotografías, cartas, documentos, objetos y pertenencias, álbumes familiares dormitando en rastros y almonedas, mezclados promiscuamente, memorias que nunca estuvieron unidas y que ahora por azar conviven en extrañas relaciones.
Un torero, una cabaretera, un ciclista, familias, bodas, amigos, perros, padres e hijos, gente paseando, grupos, señoras sofisticadas, soldados en el frente.
Miradas que jamás pensaron ser vistas por ojos ajenos, momentos íntimos, mezclados con objetos que durante años acompañaron y tuvieron su función. Jirones de vida ajenos, que ejercen sobre nosotros una irresistible fascinación.
Son estos naufragios que llegan a nuestras manos tras los más accidentados viajes, son esas cápsulas de memoria sobre los que Pep Carrió construye su obra.
La reinvención de un pasado inexistente, la curiosidad por esas vidas ajenas, por esos objetos usados, desechados, joyas de basurero que conviven desordenados en cajas y estantes para al fin volver reinterpretados a un nuevo espacio.