Para aprender en el taller se necesitan dos manos (podría ser suficiente con una), ojos, gafas (no siempre), materias primas más o menos minerales, algo de luz, bastante curiosidad, y un cartel algo gastado en la pared donde se lee en tipografía de madera, en mayúsculas: NI DIOS NI AMO.
Al taller se va a estar, que no es lo mismo que ser. En ese estar cabe: hacer, pensar, extender, contemplar, romper, callar, ordenar, volver.
La prueba de que lo importante es estar la tenemos en esa frase definitiva que acompaña todos los finales en el taller y que seguro ha escuchado o ha dicho alguna vez: “ya está”.
Grassa Toro
Barfutura | 2021